El evangelismo cristiano se ha enfocado frecuentemente en "Ganar Almas" hasta el punto de excluir el satisfacer las necesidades reales y diarias. Sin embargo el ministerio terrenal de Jesús siguió un patrón diferente: Él alcanzó a la gente marginada. Él tocó a la gente que nadie más podría tocar. Él le habló de esperanza a la gente consumida por la desesperanza.