La Bondad y la Severidad de los Juicios de Dios
La Bondad y la Severidad de los Juicios de Dios

La Bondad y la Severidad de los Juicios de Dios

Joyas del príncipe de los puritanos

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El siguiente discurso contiene la sustancia de varios sermones predicados en una congregación privada.

Algunos de quienes oyeron estos sermones, considerando el asunto tratado y el propósito de los mismos con respecto al estado actual de las cosas en esta nación, juzgaron que sería conveniente y oportuno hacerlos públicos para el uso y beneficio de otros. Porque decían que, aunque la tierra en que vivimos está llena de pecado y de varios indicios del desagrado de Dios en ella, hay una negligencia injustificada en el llamamiento a sus habitantes al arrepentimiento para desviar los juicios inminentes. Los mismos paganos, decían, ante una menor evidencia de proximidad de la venganza divina en comparación con la que hay entre nosotros, siempre se dirigían solemnemente a sus deidades para alejarla. Por lo tanto, esta negligencia entre nosotros es como una enfermedad que el más débil y mezquino esfuerzo para su alivio podría ser de alguna utilidad, y por ello no puedo más que considerar que este discurso sea publicado.

ISBN: 9781629462738
Referencia de producto: 9781629462738
Dimensiones: 140 x 216 x 10 mm
Peso: 0.320kg
Cubierta: Rústica
Número de páginas: 138
Fecha de lanzamiento: 23.08.2022
Idioma: Español

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John Owen(Autor)

John Owen (1616-83). Nació en Stadham (Oxfordshire, Inglaterra). Su padre, Henry Owen, era ministro de la Iglesia Anglicana y pertenecía al ala de los “puritanos”, o reformadores evangélicos. El joven Owen fue un alumno tan prodigioso que a los doce años pudo entrar en la Universidad de Oxford. A sus dones naturales añadió un esfuerzo casi sobrehumano, disciplinándose severamente en cuanto al descanso: sólo dormía cuatro horas durante la noche. Esta fue una de las causas de sus continuos problemas de salud y de su relativamente temprana muerte.  

Fue ordenado al ministerio de la Iglesia de Inglaterra, aunque fue algún tiempo después, al escuchar un sermón de un predicador cuyo nombre nunca pudo saber, que llegó a experimentar su conversión personal y la paz con Dios.

Fue llamado a predicar ante el Parlamento inglés en varias ocasiones  y fue por un tiempo vice-rector de la Universidad de Oxford. Su verdadera fama se debe no a sus importantísimos papeles en la vida política y académica, sino a sus incomparables aportaciones a la teología. El número de sus obras escritas, la profundidad de su contenido, y la amplitud de los temas sobre los cuales ejercitó su enorme intelecto, le hacen uno de los más grandes exponentes del protestantismo clásico. Era calvinista y aún no ha sido superada su exposición contundente de la teología calvinista.

En sus escritos espirituales se percibe un gran celo así como un sorprendente conocimiento de la obra del Espíritu Santo en el corazón de los pecadores.